Usa corset 23 horas al día y su cintura es casi un fósforo. Todos se preguntan cómo puede respirar

 Cuando una mujer se embaraza, el modo como queda su cuerpo después de dar a luz puede variar mucho. De hecho, algunas pueden ganar mucho peso y perder la forma que su cuerpo tenía previamente, mientras que otras adelgazan y recuperan su figura rápidamente. Y para aquellas mujeres cuyos cuerpos se vieron muy afectados por el embarazo, existen muchas formas para buscar recuperar la silueta y/o bajar de peso.

La estadounidense Diana Ringo, de 39 años, fue una de las mujeres que buscó una de esas alternativas. Pero parece que recurrió justamente a la más impactante de todas.

Adam Gray

Ringo, quien trabajó durante varios años en la Fuerza Naval de su país, tuvo gemelos y su cuerpo de 1,56 metro se vio claramente afectado por el aumento de peso. Por lo tanto, en vez de bajar los 35 kilogramos que ganó con el embarazo, tomó una medida radical: pasó a usar un corset. Y si piensas que ya sería demasiado usar eso excesivamente, bueno… Ella lo usa por 23 horas al día.

Adam Gray

“Yo no estaba feliz con mi cuerpo porque estaba gorda. No hay nada malo en ser gorda, pero mi grasa no se distribuía de una manera femenina. Se distribuye haciendo parecer que tengo una forma masculina y eso no me gusta”, sostuvo la mujer.

Cuando tengo puesto mi corset, me siento muy sexy. Esto aumentó mucho mi autoestima, me hace sentir muy bien. Y cuando me lo saco, se siente como si me hubiera sacado el sostén”, agregó.

 

Adam Gray

Su marido Brett Ringo, quien también es militar, tuvo al principio ciertas preocupaciones respecto al peso del corset en su salud. Pero, con el tiempo, se adaptó a su imagen (aunque siga teniendo ciertas reservas y no quiera que ella se vista con nada más delgado aún).

“Mi familia está dividida entre el ‘Está bien’ y el ‘Morirás hoy o talvez mañana’“, cuenta Diana Ringo.

Adam Gray

“Al principio yo estaba preocupado con su salud, cuando ella volvió de sus servicios militares. Ella fue al doctor y él le dijo: ‘Todo está bien'”.

Y aunque Diana Ringo reconoce que en la calle le dicen “¿Qué rayos?” o “Dios mío”, ella misma no está ni ahí. “En última instancia haré lo que se me dé la gana. Soy una persona grande y pago mis impuestos”.

Si esa práctica no le rompe las costillas ni le perfora un órgano, que siga. Pero, además, que siga chequeándose en el médico por si no le pasa nada.