Esta pintura tiene 125 años y ha sido vista por millones. Su rara forma se anticipó a la ciencia

Todos conocemos a Vincent Van Gogh, uno de los pintores más famosos de todos los tiempos. Conocido por sus obras impresionistas, post impresionistas, y por haberse rebanado un trozo de la oreja durante un episodio psicótico.


El episodio, en el que se mutiló a sí mismo, resultó en un trozo de su cuerpo que fue enviado a un gran amigo suyo para pedirle disculpas, y, como era de esperarse, con el pintor internado en un asilo.

Pero en el asilo algo maravilloso e inesperadamente fructífero para su carrera sucedió: Van Gogh fue capaz de captar el concepto de las turbulencias: algo esquivo incluso para los más estudiosos de la ciencia.

Y logró que, a pesar de lo difícil que resultaba su materialización en el campo de las ciencias y las matemáticas, el arte los volviera mucho más fácilmente representables.

Pero ¿qué son las turbulencias?

Muy sencillo: son un concepto de la dinámica de fluidos. Son movimientos constantes que entran en una suerte de “bucle” que se repite a sí mismo: un espiral generará espirales más pequeños, y así sucesivamente.

Esto es algo que apenas el día de hoy está siendo estudiado por la comunidad científica.

Pero más de 100 años antes Van Gogh dio en el blanco con “Notte stellata” (o La Noche estrellada) la famosa pintura que se encuentra actualmente en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Ahí tienen al genio: loco, en un asilo, y con el dolor físico y emocional de haber perdido una oreja y a un amigo, encontró la materialización de lo que la ciencia hoy apenas está conociendo.