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Hay por ahí alguien que te ha querido en las buenas, en las malas y en las peores

Mira a tu alrededor, ahí a fuera hay alguien que te ama más que a cualquier persona que haya pasado por su vida, alguien que te ha querido en las buenas, en las malas y en las peores, alguien que siempre dio la otra mejilla a tus malos días y que te ha cubierto de besos y abrazos siempre que se da la oportunidad, que adora verte sonreír y que siempre busca maneras para hacerlo, alguien que podría pasar toda la vida viéndote sentir, acompañándote y cuidándote.

Alguien que sabes que está, que siempre estuvo, que sabe leerte y ver entre líneas lo que no dices, sabe cuando le mientes, sabe cuando eres sincero y también cuando tienes algo o a alguien en la cabeza, que a pesar de que le duela darse cuenta, te deja ser, te deja vivir, te ayuda a progresar, te apoya como nadie, jamás te juzga y si algo está mal te lo dice.

Alguien que se ha quedado a tu lado y te ha querido a pesar de que más de una vez pensó en abandonarte por culpa de tus actitudes hirientes cuando estabas mal, pero siempre logro ver más allá de tu mala actitud la tristeza que guardabas en tu dulce interior, alguien que siempre tuvo una fe inamovible en ti y en la maravillosa persona que eres en realidad y que desea que seas inmensamente feliz con o sin ella, alguien que siempre velará por tu bienestar, esa persona, ese alguien, mi querido compañero de aventuras, soy yo.

¿Los “para siempre” realmente existen?

Creo que muchas veces los “para siempre” forman parte de la fantasía humana, o simplemente son cosas que creemos infinitas, y llegado a un punto dejan de ser para siempre. Ya sea por ambas partes, o por una de ellas. De ser así, una siempre es la que debe ser olvidada, y la otra, la que debe superar. No creo que sea fácil vivir en la constante ilusión del llamado para siempre, aunque, respecto al amor este puede o no ser para siempre. Creerlo e incluso asumirlo, nos mantiene vivos. Y también nos mantiene atentos, porque queremos que eso dure, o nos mantenemos alejados para que eso no exista más.

Puedo decir, que dos veces lo viví. Aquello que creí que para siempre y que cuidé con tanto esfuerzo y dedicación, con el tiempo, se desmoronó. Y lo que antes pensaba que iba a durar eternamente, se esfumó. Y hoy, con el tiempo, puedo observar que si esas personas no se hubieran ido, muchas otras no hubieran entrado, o incluso, muchas que antes parecían invisibles, hoy, tomaban color e importancia. Siempre nos dejan una enseñanza, y se puede asentir y no criticar de aquello que en algún momento de nuestras vidas, nos hizo felices. Y posiblemente es por eso, que no debió durar para siempre. O al menos hasta ahora. Puede que en un futuro nos volvamos a encontrar, como puede que nunca más sepamos de esas personas. Lo importante es reconocer que gracias a esas personas aprendimos, crecimos, nos equivocamos, pero sobre todo llegamos a darnos cuenta de lo que queremos y exigimos, de lo que no queremos y no aprobamos, pero sobre todo, lo que nos hace bien y queremos presente en nuestra vida.

Yo sí creo en los “para siempre”, apuesto en ellos, pero hasta ahora lo único que he tenido eterno, es el amor de la familia. Y no con esto estoy diciendo que es poco, sino que es el único que exploré hasta ahora. Pero espero, y deseo, que con esfuerzo, amor y cariño, poder mantener en algún momento de mi vida una relación que al paso del tiempo, siga ahí, estable, radiante y con ganas de más.

Creo que por fin encontré a alguien capaz de amarme a pesar de lo destrozada que esté

¿Debería seguir manteniendo abiertas mis cicatrices? ¿O debería cerrarlas y curarlas de una vez por todas? Por una parte, es hora de curar esas heridas que me mantienen encadenada al pasado, pero, por otra parte, tengo miedo. Miedo de que si dejo entrar a alguien me destroce más de lo que estoy y destruir algo que ya está destruido… Acaba convirtiéndose en polvo, y el viento termina llevándoselo todo.

Mi corazón pide a gritos que por una vez en la vida, alguien sea capaz de amarme a pesar de lo destrozada que esté y de las cicatrices que se encuentran tatuadas en mi cuerpo y alma.

Por primera vez me pongo a pensar en que quizá algún día alguien sea capaz de amar hasta el peor de mis defectos. Y parece que tú eres esa persona. Esa persona que me acepta con todas y cada una de mis estupideces y está dispuesto a aguantarme de todas las formas posibles.

Eres esa persona que evita que mi mundo se rompa en pedazos y que por cobardía, termine saltando al abismo de la desesperación. Sin lugar a dudas, eres mi salvavidas.

Siendo sincera, rezo por todas aquellas personas que sientan que no tienen ningún valor, para evitar que caigan a un agujero negro que no tenga salida. Rezo para que encuentren a su salvavidas.

Quizá piensen que no es posible, pero si yo he tenido mi salvavidas ¿por qué nosotras no? Ojalá tengas esa suerte de encontrar nuestra salida de emergencia.  

¿En qué momento dejé de quererme?

Es demasiado común oír a alguien quejándose del amor, entonces me sucedió a mí y pensé ¿en qué momento dejé de quererme? ¿Cuándo deje que todo eso me sucediera? A mí, a esa mujer tan fuerte. Dicen que de los errores se aprende, pero yo, al parecer no quiero aprender. ¿De dónde sacamos esa esperanza de que ese hombre hará la diferencia entre todos los anteriores? Quien sabe, ni yo misma sé cómo pude creer en que esta vez sería diferente.

Es ahí, cuando creemos haber encontrado a la persona perfecta, que nos hace ver la vida de color rosa, todo es tan perfecto.

Pero lo más importante, y lo que generalmente siempre olvidamos, es eso, querernos. Querernos a nosotros mismos, antes de querer a esa persona que nos termina haciendo daño, pero que jura amarnos como a nadie.

Y no, el amor tiene un límite, y se llama dignidad.

Porque a veces, por más que lo entregues todo, no sirve de nada, esa persona no verá más allá de su propia felicidad sin importar qué tipo de daño ocasionará. Y eso se puede percibir desde temprano en una relación, pero el amor nos ciega, creemos que sólo son típicos errores sin importancia, que son defectos porque simplemente nadie es perfecto…

Creo que antes de aprender a amar, deberíamos aprender a amarnos a nosotros mismos, porque al final del día lo que realmente importa, es la felicidad de uno mismo. No digo que enamorarse sea algo malo, al contrario, creo que es uno de los mejores sentimientos que uno puede experimentar, creo que amar, lo es todo. Pero no por eso, debemos dejar ni por un minuto, de pensar en nosotros mismos, por más egoísta que se escuche. 

Créeme, muchas veces es mejor dejar de sujetar ese amor con tanta fuerza, que duele y pesa, que persistir ahí, donde nada mejorará y solo causará más daño.

Donde tu felicidad se encuentra afectada por alguien, sólo date la vuelta y márchate, empieza a caminar y no voltees, al final de ese camino terminarás por encontrar quien te quiera como lo merezcas, pero mientras, no te quedes estancado con la misma persona que no lo vale.

No estés triste, sonríele a la vida, antes que nada agradece por todo eso que te hace sonreír y feliz, que para estar triste no hay tiempo. Sonríele a la vida, y te sonreirá de vuelta.

Nunca me pegó, por eso no era violencia

Todo empezó el día en que lo conoció. Ella, una pre-adolescente insegura, con una mirada tímida y a la vez pícara, que la caracterizaba. Él, un príncipe; desenvuelto, soberbio, atrevido. Cuando el romance comenzó, todo era hermoso. Él era soñado; detallista, dulce y romántico, Sin lugar a dudas, había encontrado el amor.

Fue una sorpresa el día en que la relación se formalizó, en donde se declararon oficialmente novios. No fue de una forma romántica ni cursi, fue nada más que un mensaje, cuando ella estaba paseando con su mejor amigo, que decía: “Hola, ¿cómo está mi novia?”. No fue una propuesta, ni mucho menos una pregunta, fue una declaración de propiedad. Pero en ese momento no le importó, estaba feliz de que ese chico la hubiera elegido a ella.

Ahora era oficial, ellos eran novios y eso para él, significaban muchas restricciones. “Claro que puedes salir, pero yo voy con ustedes”, “te quiero cuidar, tú eres sólo mía”, “confío en ti, pero no en los demás”.

Ella ya no quería salir, le daba miedo, porque cada vez que lo hacían, cualquier mirada de un chico o el saludo de un amigo, significaba problemas. En él se desataba una furia que ella no conocía hasta ahora, y le pegaba a cualquiera que se acercara a ella, aunque fuera para pedirle una dirección.

“La amistad entre el hombre y la mujer no existe, todos tienen segundas intenciones”. La joven estaba estudiando en un liceo nuevo y cualquiera que la conoció en ese momento, diría que era antisocial, rara, depresiva. Y es que, ya sentía miedo de sólo hablar con alguien, si él se enteraba, como solía hacer, iban a haber problemas.

“Soy tu novio, tengo que saber tu contraseña, me imagino que no tienes nada que ocultar”. Él le contestaba a todas las personas y monitoreaba todas las conversaciones que ella tenía o había tenido en su pasado. Tenía que saberlo todo, no fuera a ser que la putita tuviera alguna guardada. Sus amigas ya no sabían si escribirle, si hablar con ella, si contarle algo, ya que nunca sabían quién estaba detrás de la pantalla cuando estaba su sesión iniciada, ella o su novio.

“Lo hago porque te amo, así son las relaciones”.

Para afuera todo era color de rosas, todos decían que eran la pareja perfecta y que era muy afortunada; tenía que ser verdad.

A menudo iban al parque a besarse, parecía romántico. Un día, él intentó tocarla por debajo de la ropa y ella se sintió muy incómoda, “No.. No estoy preparada” dijo. “¡No parecemos novios! Ya estoy grande, si quieres seguir conmigo, tenemos que dar el paso”. Y se fue enojado, dejándola llorando sola en la noche, mientras la lluvia lavaba su cara.

Sólo tenía un amigo al que veía a menudo y con el que se sentía cómoda para hablar. Hasta que un día, inesperadamente, cuando se encontraba con él sonó su celular. “Eres tremenda zorra, puta de mierda. Olvídate de mí, hoy mismo saco la relación, nunca más”.

La razón de esto era, que había mandado a un amigo a vigilarla y él le dijo que, efectivamente, la había visto “con otro”. Y al verla llorar, fue cuando su amigo no se contuvo más y le dijo que le pasaban cosas, que la quería, que no soportaba verla llorar. Su mundo se puso de cabeza, pero al final, no se animó a dar el paso, no se animó a soltar esa relación destructiva y abrazarse a una nueva oportunidad, ya estaba acostumbrada a lo que vivía, era normal, era lo que ella merecía, y estaba convencida de que, como su novio le había dicho, nadie la iba a amar más que él.

La aisló completamente, ahora él era todo lo que tenía, en el liceo se sentaba sola, sus amigos ya no le hablaban y con sus amigas la relación se había desgastado. “Tus amigas son todas putas, yo quiero lo mejor para ti, te lo digo porque te amo”.

Allí se desató el peor infierno. Ya había olvidado cómo reír, no tenía con quién hablar y él la convenció de que todo era su culpa. Ella era una puta que no merecía ser amada. Ella merecía todos los insultos, los gritos y los tirones, ¿quién la mandaba a ser tan puta?. Que eso era amor, que nunca nadie la iba a amar como él. Que él podía engañarla frente a sus ojos, que podía hacer lo que quisiera porque ella no tenía derecho a quejarse, era bien puta y no valía nada. Que todas las peleas eran por su culpa, que él era bueno, que la amaba, pero que ella lo hacía ponerse así. Que el amor era así, que no era violencia porque no le pegaba. Que ella no merecía tener un novio tan increíble como él, o como lo que todos creían que era él. Y que tenía que trabajar para mantenerlo con ella, para no quedarse sola.

La chica, de tan sólo 15 años, cayó en un poso depresivo. No se quería levantar de la cama, había gastado sus ojos de tanto llorar y la almohada ya no le daba consuelo. Entró en tratamiento médico para poder abrir los ojos y caminar sin temblar, sin sentir que le pisaban el pecho cada vez que quería levantarse.

Y así, se entregó, convencida de que era por amor, pero bajo la amenaza de que si no lo hacía, la dejaría. Que esa era la única forma para que él la perdonara por ser tan puta de gustarle a un amigo. Por ser tan puta de invitar a ese amigo a su cumpleaños. Por ser tan puta, de ir después del colegio a su casa con la pollera del uniforme. Por ser tan puta como para usar un vestido por las rodillas en verano. Por ser tan puta como para usar un bikini cuando iba a la playa con su madre. Se entregó por puta.

“Si me mientes o me dejas, voy a subir un video que tengo que no te va a gustar”. Era la nueva condición, o mejor llamada amenaza, con la que la controlaba. “No es una amenaza, es una advertencia. Si no me mientes no va a pasar nada”.

Él terminaba con ella todos los fines de semana, por puta, porque la odiaba. Pero al otro día, sin mediar palabras, hacía como que nunca había pasado y le hablaba con amor.

Una vez, ella se negó a tener relaciones. No tenía ganas, no quería, estaba triste.

Le costó años entender y sobre todo, asumir, que el hecho de que él la obligara a hacerlo aunque ella llorara, no era un derecho que él se ganó por ser su novio. Que ella sí se podía negar, que no importaba que ya lo hubieran hecho antes ni el título que tuvieran, que no, es NO. Y que, que él se burlara de ella después de ello, era violencia.

Cada vez que terminaban, él le pedía a alguien que le escribiera, que le pidieran el número o la invitaran a salir, para ver qué respondía, la muy zorra. Aunque algunos accedían, otros, simplemente se burlaban y le contaban a la chica lo que ese tipo les decía.

Aquella mirada ya no era tímida ni pícara. Era una mirada triste y profunda. Una mirada desesperanzada, que andaba sólo por inercia.

Una mirada, que un día se cansó de llorar y dijo: YA NO MÁS. De verdad, era muy difícil tomar esta decisión, ya que nadie sabía por lo que ella estaba pasando y nadie le creería, él era un tipo bueno, un galán, un príncipe. ¿Y ella? Ella era una puta, que no sabía valorar algo bueno cuando lo tenía enfrente. Una zorra que estaba sola y que nunca iba a volver a ser amada por nadie.

Le dijo que estaba cansada, que ya no sabía qué creer, porque la misma voz que le decía princesa, le decía que la odiaba, porque los mismos labios que le decían puta eran los labios que la besaban. Que necesitaba algo que la convenciera de lo contrario, que le hiciera ver que él la amaba de verdad. Él respondió que sí, que le prometía que ahora todo sería diferente. Pero esa promesa no duró más que un par de días, cuando volvió a llamarla puta y terminó con ella, como cada fin de semana.

Pero ésta vez fue diferente, ésta vez, cuando él volvió como si nada, ella le cerró la puerta.

Tristemente, el infierno no terminó ahí, ya que él seguía apareciéndose donde quiera que ella fuera y mandaba gente a decirle “¿Por qué no vuelven? Hacen una pareja hermosa”, mientras él actuaba con cara de perro mojado delante todo el mundo.

Se escuchaba un llanto desolado desde la habitación, ella siempre disimulaba, pero esa vez no lo pudo contener. Entró su madre preocupada y escuchó, como desde el teléfono sin altavoz, se escuchaba una voz enfurecida que repetía “ERES TREMENDA PUTA, OJALÁ TE MUERAS, NO MERECES NI VIVIR, MUCHO MENOS A MÍ”. La cara de su madre se tranformó y abrazó a su hija con fuerzas. “¿Cómo dejé que esto pasara? ¿Cómo no me di cuenta antes? ¡Si yo lo viví! ¿Cómo permití que el tesoro más grande que tengo, sufriera siquiera un 1% de lo que yo sufrí?” pensaba la madre mientras la apretaba con más fuerza.

Ahora ya no estaba sola, al fin pudo hablar, y sólo así se levantó.

Ella rehízo su vida, conoció gente nueva, pero él se encargaba de escribirle a cada una de esas personas para hacerse amigo también, y así tener todo controlado. Sin embargo, el día en que uno de los amigos que se hizo la joven rechazó su “amistad”, el monstruo emergió otra vez.

Pasaban los meses y así seguía. ¿Cuándo iba a terminar? Él ya tenía otra pareja, pero aún así le mandaba mensajes a la chica diciendo que se quería matar, que ya no tenía sentido seguir viviendo sin ella. Comentarios como “Ya se me está por dar con X, ¿quieres que le saque la virginidad a otra?” Pero por suerte, la mirada triste ya no estaba triste. Ahora era una mirada segura, confiada, decidida.

Aquella joven débil y sola ya no estaba sola, ya había podido hablar, estaba acompañada, estaba reforzada, ya no le importaba el qué dirán, porque ella sabía lo que había vivido y lo que merecía, y nada ni nadie la iba a hacer volver a ese infierno, que algunos llaman amor. Al fin dejó de ser una víctima y se convirtió en protagonista. Al fin comprendió que el amor no era así, que el amor trata de otra cosa, que eso era violencia, aunque no le pegara.

10 pensamientos que tienes cuando ves a tu ex con su nueva novia

A todos nos ha tocado vivir momentos incómodos en la vida, pero ¿Hay algo más incómodo que encontrarte con tu ex y su nueva pareja? Se te detiene el corazón, y no por el amor que algún día hubo, sino porque GUAU ¿YA TIENE PAREJA Y YO NO? Y tratas de actuar como si todo estuviera bien y no estuvieras sufriendo un pequeño infarto y de ignorar las mil preguntas que se te vienen a la cabeza en ese momento.

Si te ha pasado, de seguro te identificarás con esta lista:

1. Si la ves y tu primera impresión es: está sacada del Miss Universo


Ya sabes, no hay nada que hacer: la chica es guapísima y tratas de afrontarla lo más digna posible.


2. Si sientes que tu eres MUCHO mejor que ella


Cambió un filete por carne seca.


3. Si estás soltera te pones a pensar en que tú te estás tomando el tiempo necesario para elegir bien, mientras él eligió con los pies


4. Por otro lado, igual duele ver que él ya tiene pareja (con sus defectos y todo)


5. Por un segundo, puede que pienses en qué hacer para separarlos


Pero luego vuelves en tus sentidos y te arrepientes.


6. Cuando la ves y te das cuenta que ya se conocían


¿Estaban hablando ya mientras estábamos juntos? Y enseguida quieres ir a darle su merecido.


7. Y luego recuerdas que además hablaba mal de ella


8. Recuerda: hay una razón por la que rompieron


9. Y como sea que ella se vea, tú eres mejor


10. Si fuera ella…saldría corriendo antes de que fuera demasiado tarde


¿Te ha pasado alguna vez?

Hola novio, adiós mejor amiga

No me miren de esa forma. Tengo las manos sucias, pero el corazón limpio. Ella, mi mejor amiga desde los 12. Él, su novio, llevaban 4 años de relación. Hablo en pasado, por que ahora él y yo forjamos una historia juntos. No me juzguen sin antes leer. Solíamos salir esporádicamente, recuerdo esa noche, ellos habían peleado como siempre, ya no me era extraño presenciar una pelea más entre ellos, he sido testigo de insultos y discusiones tontas durante años.

Esa noche fue diferente.

Después de un par de gritos y malos tratos, ella fue corriendo hacia mí para secar su llanto, él aún se encontraba en el bar. La escuché, pero no pude contener las ganas de subir a buscarlo, tal vez para maldecirlo por haber hecho llorar a mi amiga, como siempre, hablar, hacerlos entrar en razón y ellos regresar una vez más, como siempre…

Subí las escaleras lo más rápido que pude, le dije a ella que iba al baño, no entiendo por qué le mentí. Lo vi. Sentado, solo, le extendí la mano mirando ese par de ojos cristalinos, no resistí, salí huyendo.

Ella desapareció del bar esa noche, me sentía realmente mal, la buscamos donde pudimos, no se dejó encontrar.

Caminamos por las calles vacías de la ciudad, hasta que llegó el mensaje esperado: ¡Había llegado bien a casa!

Sigo sin entender el por qué huyó esa noche…

Él me llevó a casa, mientras caminábamos, dijo las palabras que jamás habría querido escuchar:

“Ya no aguanto más esta vida junto a ella, debo contar la verdad, he estado enamorado de ti durante estos 4 años, ella lo sabe, no es un secreto”.

Mi corazón se estrujó y vi caer frente a mí los recuerdos junto a ella.

No dije nada.

Esa noche nos besamos, nos reencontramos, me encontré en su mirada, pude confesar el secreto que había guardado durante tanto tiempo. He estado enamorada del novio de mi mejor amiga desde hace años.

No aguanté la culpa y conté la verdad.

Ahora me odia, nos odia.

Es común escuchar la historia de la princesa en peligro, pero nunca del villano.

Esta vez me tocó ser la bruja maldita, que siendo sincera, no lo era tanto.

Me he quedado sin amigos, he recibido criticas por todos lados, pero es aquí cuando me cuestiono. ¿Qué tanto nos impone la sociedad sobre lo que es bueno y malo en realidad? ¿Estar feliz es malo? ¿Qué pasa cuando el amor verdadero estuvo escondido tanto tiempo bajo el disfraz del novio de tu mejor amiga?

Nos dicen que busquemos la felicidad a toda costa y cuando lo hacemos nos señalan con la pistola dispuestos a disparar.

Me encuentro aquí hablando y defendiendo mi versión, no fui cobarde, hablé con la verdad.

Me encuentro feliz a su lado, sabemos que las circunstancias no fueron adecuadas, pero nos amamos.

¿Qué tan malo es encontrarse pleno?

Aprendí mucho de esta experiencia, como el no juzgar a las personas sin haber escuchado antes su historia, que el lugar siempre va a ser oscuro si no nos atrevemos a prender la luz.

Es hora de quitar los prejuicios de esta vida, aprender a perdonar, a reconocer que el amor es libre, no una prisión.

La diferencia entre querer de verdad y querer a medias

A veces tiene que pasarte algo muy gordo para que te des cuenta de las cosas. A veces tienes que verte pintada la palabra “idiota” en la frente para ver que te estás comportando como tal. A veces tienes que hacer recuento de sentimientos para descubrir que estás dando mucho más de lo que estás recibiendo, y además, no paras de ponerte excusas estúpidas para seguir creyendo tu propia mentira. ¿Te suena? Bien, si te resulta familiar, bienvenido. No estás solo.

Es casi escalofriante la cantidad de barbaridades que somos capaces de hacer por alguien que nos importa. Aunque nosotros no le importemos lo más mínimo a esa persona; y oye, que está en todo su derecho. Cada uno es libre de sentir lo que quiera y por quien quiera, no seremos nosotros los que obliguemos a nadie a nada. A lo que me refiero es a la mentira. Al “te quiero, pero…”.

No. Si hay un “pero”, no me quieres. Ahí está la falta de respeto. Ahí está el cabreo monumental. Ahí está el fallo. Y tú sigues enganchado. Eso es enfermizo, que lo sepas. Es el mayor insulto que le puedes decir a tu amor propio. “Oye, Dignidad, que lo he pensado y he decidido amar y esperar a alguien que se ríe de mí con sus incoherencias y sus puñeteros peros, que me tiene en un constante contigo pero sin ti, que me torea como quiere, ¡vaya!, porque sabe lo que siento y se aprovecha de ello”. Qué grande por tu parte.

Para hacerlo más gráfico, hemos cogido carrerilla y nos dirigimos con paso firme hacia un muro de piedra para reventarnos la cabeza contra él; pues así cien veces. Algunos hasta más. ¿Qué consigues? Una jaqueca del demonio, como mínimo, y dolor. Mucho dolor. Pero dentro, en un pequeño rinconcito de tu pecho. Esa es la peor parte. Eso es lo que más pesa, lo que te está matando paulatinamente. Si tú no te frenas en seco la próxima vez que te dirijas de cabeza hacia el muro, no lo va a hacer nadie. Si tú no te plantas y echas el freno, no esperes nada más que más y más cabezazos; más y más dolor.

Yo no vengo a descubrirte las Américas, pero que sepas que te mereces algo mejor que eso. Mereces a alguien a quien realmente le importes y le intereses; mereces a alguien que te haga sentir querido, que te haga sentir literalmente en una nube; mereces a alguien que te arranque más carcajadas que lágrimas, que te alegre el día, que te demuestre que realmente está ahí para ti; mereces a alguien con coherencia entre sus palabras y sus hechos, que si te dice que te quiere, te lo diga de verdad, y encima te lo demuestre; mereces a alguien que te haga crecer como persona, que te inspire, que te de impulso.

Y mañana, cuando despiertes de ese letargo que te tiene adormecido, te canses de tanta indiferencia y tanto cuento chino, y decidas ir a por lo que de verdad mereces, entonces puede que esa persona que tanto se hacía de rogar, que te hacía sentir tan pequeño, mire atrás y contemple con nostalgia todo lo que dejó pasar. Y puede que se arrepienta, puede que intente rectificar y comience a valorar lo que en su día pisoteó. Pero ya será demasiado tarde. Tú también habrás aprendido a darle la importancia que se merece a quien realmente se la merece. ¿Moraleja del cuento? Quien quiera estar, que esté, pero que esté de verdad. No necesitas palabrería insustancial, ni mentiras, ni largas, ni estupideces que te hagan perder el tiempo. Quien quiere estar de verdad, lo demuestra. Y quien no, sólo marea. Aprendamos la diferencia.

10 cosas que cambian en las relaciones luego de unos años

Todos sabemos que no hay mejor sensación que cuando estás iniciando una relación nueva. Todo es maravilloso, caminas rodeado de hadas mágicas y mariposas dentro del estómago. Es definitivamente la época para más disfrutar. Si es que hay algún problema se soluciona de inmediato…todo se conversa y se olvida. Pero…luego de unos años las cosas van cambiando un poco…poniéndose un poco más ásperas.

Si llevas años de noviazgo de seguro te identificarás con esta lista:

1. En un principio: la relación es muy de piel y muy íntima

Luego de unos años: tienen que hacer tiempo para la intimidad


2. En un principio: en las citas se toman horas para conversar sobre sueños y proyecciones a la luz de la luna

Luego de unos años: buscan cupones para ir a comer y esperan que la comida esté en buen estado


3. En un principio: escucharse es su manera de apoyarse el uno al otro

Luego de unos años: pretenden escucharse cuando en realidad están viendo TV


4. En un principio: no llegar a un acuerdo sobre algo podía ser chistoso

Luego de unos años: Puede significar la Tercera Guerra Mundial


5. En un principio: se seducen mutuamente con cumplidos

Luego de unos años: Seducir es una palabra que no se utiliza muy seguido


6. En un principio: finges interés en lo que te habla la otra persona

Luego de unos años: no hay lugar para fingir


7. En un principio: hacen creer que son personas normales

Luego de unos años: dejas salir de tu interior la locura


8. En un principio: cada beso llevaba a algo más

Luego de unos años: se transforman en chupones de juego que tu perro también te puede dar


9. En un principio: te tomabas mucho tiempo para arreglarte y verte bien

Luego de unos años: ya se aceptan tal cual son


10. En un principio: compartir todo es parte de demostrar amor

Luego de unos años: hay otras maneras de demostrar amor


¿Llevas muchos años de novio? Cuéntanos cuál agregarías.

10 razones por las que una mujer fuerte es la mejor novia que puedes tener

No todas las mujeres somos iguales, pero quiero creer que en el fondo todas somos igual de fuertes, incluso si esa fortaleza se manifiesta de diferentes formas para cada una. Muchas veces puede parecer que una mujer fuerte, determinada y que sabe lo que quiere puede ser ‘intimidante’ pero creo que es todo lo contrario. ¿Por qué creerías que tener una relación con alguien como ella no vale la pena? Ella sabe lo que quiere, está dispuesta a trabajar y esforzarse para tener una relación amorosa y estable y lo mejor de todo es que tiene una relación profunda consigo misma.

1. Es independiente

Le gusta estar contigo, pero no te necesita. Su vida es suya, incluso si quiere compartirla contigo. Eso significa que desde el principio tendrán una relación saludable y que no será co-dependiente.


2. Tiene sus metas claras

Tiene sueños y cosas que quiere lograr con su vida y no hay nada más atractivo que una persona determinada a hacer sus sueños realidad.


3. Sabe dar y recibir dentro de la relación

Puede tomar ambos roles: no pedirá que sólo cuides de ella, también cuidará de ti cuando lo necesites (y probablemente no quieras admitirlo).


4. Tiene una relación profunda consigo misma

Se conoce a la perfección, se quiere, se acepta, se habla con amabilidad. Sabe que no es perfecta y que no necesita serlo. 


5. Te apoyará cada vez que lo necesites

Estará contigo en las buenas y en las malas y si esa no es la definición más básica de una relación comprometida y real, no sé cuál es.


6. Es honesta consigo misma y con los demás

No siente necesidad de mentir porque simplemente no encuentra que tenga sentido. Dice la verdad incluso si duele porque prefiere ser honesta.


7. No juega con tus sentimientos, sabe que el amor es demasiado preciado como para hacerlo

No te hace sufrir sólo porque sí, jamás jugará con tus sentimientos y nunca te dirá algo que no siente sólo para manipularte.


8. Escucha tus opiniones pero toma sus propias decisiones

Te pedirá consejos, opiniones e ideas pero al final tomará sus decisiones en soledad. Esto es genial porque le da una frescura y libertad a la relación: sabes que no depende de ti.


9. No tiene miedo de ser la persona que desea ser

Sabe que cambiará y que evolucionará y no le asusta que la veas cambiar. De hecho, le emociona vivir el proceso a tu lado.


10. Su amor es maduro y real

Ella busca un compañero de vida, no sólo un futuro esposo o el novio de sus sueños. Contigo quiere compartir lo bueno, lo malo, lo interesante, las diferencias y los sueños.